Para comenzar esta reflexión, me gustaría poneros en contexto. Pese a estudiar en la Comunidad Valenciana, como muchos estudiantes, pero originalmente soy de la Región de Murica, en concreto de un pequeño pueblo cerca de la costa, Balsicas.
Para mi, el cambio a la ciudad ha sido muy grande, ya que estoy acostumbrada a vivir en una casa y no en un edificio de piso, el tráfico, la multitudinaria población… Pero lo que más me ha impactado y que me ha llamado la atención, son edificios que se encuentran en el centro de Valencia. Los cuales muchas veces son eclipsados por el barullo de gente, pitidos de los coches, gente dispersa que va pensando en sus asuntos y sin darse cuenta pierden el maravilloso regalo que tenemos, que es observar.
Gracias a esta asignatura comencé a fijarme mucho más en los edificios, y así fue como encontré pequeños rincones, ventanas, puertas, fachadas que son impresionantes y tienen su encanto.
Por lo que mi reflexión no trata sobre nada técnicamente arquitectónico, sino que va mucho más allá y trata sobre la ignorancia de las personas, como ignoramos los pequeños detalles que nos rodean, esos detalles que hacen que la vida sea única. Por ello, para mi encontrar estos elementos entre tanto barullo de la ciudad ha sido como encontrar un rallo de luz entre tanta oscuridad.


